¡Ya llevamos 20 días aquí! El tiempo pasa volando, algo que nos da un poquito de pena porque nos queda menos tiempo por disfrutar de nuestra estancia en Diredawa. Los días pasan rápido y seguimos con nuestra rutina de clases en el colegio, talleres por las tardes tanto en el cole como en las Misioneras de la Caridad, pero también tenemos muchas novedades que contar.

El miércoles pasado tuvimos nuestro primer encuentro con los profesores en el cual les mostramos la importancia de fomentar la creatividad y autonomía en los alumnos a través de tareas. Es algo muy interesante pero a la vez complicado ya que las clases son muy numerosas y esto hace que sea a veces imposible. También estamos intentando que la relación entre los profesores y nosotros se extienda durante todo el año y así poder compartir recursos, algo muy necesario ya que no tienen acceso a internet muy fácilmente y esto dificulta la calidad de la enseñanza.


Los alumnos son muy cariñosos con nosotros, nos esperan cada mañana para saludarnos efusivamente y regalarnos flores y caramelos. La otra cara es que muchas veces nos cuesta comunicarnos con ellos en las clases, algo que dificulta mucho el ritmo de ellas pero a la vez crea situaciones muy divertidas. La verdad es que nos reímos mucho y sacamos lo positivo de esta situación.


Nos sentimos muy seguros en este lugar. Cuando salimos a dar nuestros paseos tenemos múltiples experiencias con la gente de aquí. El otro día fuimos a comprar un pañuelo al cual llaman “netela”, las mujeres lo suelen llevar mucho para ir a la iglesia y cubrirse, y conocimos a una chica joven con su madre. Fueron tan amables que hasta nos llevaron en bajaj (una especie de taxi- moto de tres ruedas) a una tienda para que pudiéramos comprar. Los etíopes son en general muy acogedores y siempre intentan ayudarte en lo que pueden.

El día 26 de julio es fiesta nacional en Etiopía, San Gabriel, y los ortodoxos tienen una peregrinación a varios lugares del país simultáneamente. En una de ellas estuvimos nosotros, en Kulubi, y había tanta gente que no pudimos llegar a la Iglesia. Una locura aunque a pesar de ello siempre nos llevamos cosas positivas: un paisaje precioso, una experiencia única y muchas anécdotas más.

No se nos puede olvidar algo muy importante, la visita del obispo. Cuando nos enteramos estábamos un poco nerviosos, sobre todo las mujeres, ya que no sabíamos cómo comportarnos, por eso de las diferencias culturales. Al final, un hombre súper sencillo. Cenamos todos juntos, los hermanos, los voluntarios, el párroco a cuya Eucaristía asistimos todos los días, y compartimos un ratito de charla. Los voluntarios preparamos sangría y una tortilla española, las cuales tuvieron una exitosa acogida. La visita fue un poquito corta, pensábamos echarnos una foto con él, pero cuando nos dimos cuenta se estaba yendo. Así que no podemos mostrar nuestra foto con el obispo para dejar constancia…

En los talleres de las tardes, nos lo pasamos genial con los niños. Tanto en las Misioneras de la Caridad como en el colegio Bisrate Gabriel School, los niños se contentan con todo lo que hagamos y son muy agradecidos. Les encanta el juego del pañuelo y por ellos estaríamos horas jugando. También les hemos pintado las caras, hemos hecho máscaras de animales, moldeado con plastilina, dibujado un mural con pintura de dedos. Es increíble cómo ves las diferencias entre lo que tienen nuestros niños en España y los de aquí. Muchos estaban temerosos de meter los dedos en la pintura y teníamos que animarlos porque no se fiaban. Tampoco habían tocado nunca plastilina, así que imaginaos las sensaciones nuevas para ellos. Aunque para nosotros, os aseguramos que ha sido muy especial y emotivo contemplarlos.

Qué maravilloso es estar aquí. Damos gracias al Señor por estos momentos que estamos viviendo y que quedarán en nuestro corazón para siempre.

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