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florentineFlorentine, tiene 13 años y vive en Takpambá en la Región de las Sabanas de Togo (ífrica), sueña con convertirse en doctora, pero se verá forzada a abandonar sus estudios después del quinto año de primaria, porque la escolaridad no es gratuita en su paí­s y además en su aldea no hay ningún centro de secundaria. Para eso tendrí­a que ir a la ciudad y queda  muy lejos.

Sabe que su padre invertirá los pocos ingresos familiares en ayudar a que su hermano continúe su educación y si es posible termine la secundaria y quizá el bachillerato.

Florentine sabe que los próximos 3 ó 4 años tendrá que ocuparse de sus hermanos pequeños y de ayudar a su madre en las tereas de la casa y en la agricultura de supervivencia familiar. Luego, su padre, la entregará en matrimonio.

Aún así­, Florentine tiene más suerte que muchas otras niñas. En Takpambá hay escuela primaria y además admiten a las niñas. Más de 60 millones de niñas en el mundo no han estado nunca en un aula.

 

1.-Por qué las niñas no van a las escuela

La pobreza, unida con siglos de discriminación, impide a un gran número de niñas ir a la escuela.

Se les mantiene en casa para cuidar a sus hermanos menores y ejecutar labores domésticas hasta que el padre acuerda un matrimonio. Si estas niñas llegan a asistir a la escuela, a menudo están demasiado cansadas para estudiar.

Las niñas son vulnerables al acoso y la violencia sexual, tanto de camino a la escuela como dentro de ella.

Las niñas constituyen la mayorí­a de los menores forzados a abandonar tempranamente la escuela.

 

2.-Consecuencias de la permanencia en la escuela e igualdad de género

El valor de invertir en la educación de las niñas ha sido reconocido internacionalmente. Educar a las niñas aporta beneficios duraderos a los paí­ses y a las generaciones futuras.

La igualdad de género y la autonomí­a de la mujer, promovidas desde la educación, repercute directamente en su entorno inmediato familiar y local en una mejora de la sanidad y la educación. La educación de las mujeres hasta su grado máximo posible la prepara para participar en la gestión pública con evidentes repercusiones positivas en la creación de estrategias de desarrollo comunitario a medio y largo plazo.

La educación dota a las mujeres de libertad para acceder al conocimiento; para desenvolverse en el ámbito público y privado con mayor autonomí­a; para acceder a un trabajo remunerado y para mejorar la salud materno-infantil.

 

2.1.-Autonomí­a de la mujer, salud familiar y formación de los hijos

Podemos afirmar que la pobreza tiene rostro de mujer.

Las sociedades donde las mujeres gozan de mayor igualdad tienen muchas más posibilidades de alcanzar los Objetivos del Milenio para 2015. Cada Objetivo individual está directamente relacionado con los derechos de la mujer, y las sociedades donde las mujeres no gozan de los mismos derechos que los hombres jamás podrán alcanzar el desarrollo de manera sostenible.

La igualdad entre los géneros produce un doble dividendo: beneficia tanto a la mujer como a la infancia. Las mujeres sanas, instruidas y con poder tienen hijas e hijos sanos, instruidos y seguros de sí­ mismos. Sus decisiones tienen repercusiones positivas sobre la nutrición, la atención de la salud y la educación de sus hijos.

Las mujeres que han accedido a la educación tienen una mayor influencia en la toma de decisiones dentro de la familia y en el entorno. Así­ pueden promover mejores prácticas de salud que repercuten en mejores tasas de supervivencia y en una mejora generalizada en la alimentación, la sanidad, y la educación.

 

2.2.-Participación en gestión pública y la polí­tica

La habilitación polí­tica de la mujer tiene la virtualidad de transformar a las sociedades, y su participación en los organismos de gobierno locales y nacionales facilita la redacción de polí­ticas y leyes que no solo benefician a las mujeres, sino también a los niños y niñas y a las familias. Es una inversión de futuro.

Entre los factores que siguen dificultando la participación de las mujeres en la vida pública están los perniciosos efectos de la discriminación por razón de género –desde un nivel educativo más bajo, hasta la actitud social tan extendida de poner en duda su idoneidad para tomar decisiones– y la mayor carga laboral que soportan dentro y fuera del hogar.

 

3.-Consecuencias en nuestro mundo

No debemos permitir, de ningún modo, la discriminación de la mitad femenina de la humanidad. Y debemos actuar con sentido crí­tico sobre nuestro entorno inmediato. En nuestra sociedad también se promueven valores discriminatorios (condiciones de trabajo insolidarias dentro y fuera del hogar, salarios más bajos para las mujeres, dificultades en la participación social, etc).

La autonomí­a de las mujeres es fundamental. Es nuestra obligación conocer y denunciar las situaciones que mantienen la dependencia femenina. La consecuencia más clara del mantenimiento de estas situaciones es el perpetuar la pobreza y frenar el desarrollo. Comprometerse con las acciones que independicen a las mujeres es trabajar directamente a favor del desarrollo de las comunidades de sur.

Apoyar las iniciativas que favorezcan procesos de mejora de la salud familiar. Los centros de salud primaria y hospitales tienen una función insustituible en la mejora de la salud de las poblaciones desfavorecidas. Pero hay un nivel anterior y es la correcta alimentación de los niños y su cuidado inmediato. Ahí­ es donde intervienen las mujeres. El acceso a la educación y su duración es un factor determinante en lo que se refiere al cuidado de la salud familiar y de las comunidades locales.

La participación ciudadana es un derecho. En este marco es necesario reconocer la capacidad organizativa y de decisión de las mujeres. Y favorecerlo a todos los niveles posibles. Participar en campañas que favorezcan y extiendan la educación femenina es clave en esta cuestión.

 

 

DOCUMENTACIí“N Y CARTELERíA

 

DOCUMENTO DE LA CAMPAí‘A

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Información Adicional